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De Bagdad a Bruselas: un largo viaje para trabajar en la Casa de la Historia Europea

Los visitantes de la Casa de la Historia Europea son acogidos por un equipo internacional de excepción. En el equipo hay, en total, 34 nacionalidades y se hablan 27 lenguas diferentes (uno de los miembros habla ni más ni menos que siete lenguas). Lee la historia de Abbas, nuestro miembro más reciente del equipo...

Nací y crecí en Bagdad (Iraq), donde estudié Lengua inglesa y Arte en la universidad. En 2011 obtuve un trabajo como traductor para el Ejército de los Estados Unidos. En julio de ese año, me trasladé a Ankara (Turquía), donde trabajé para una empresa que dedicada a la traducción y las solicitudes de visado. Solicité asilo en Turquía, pero la solicitud permaneció paralizada cinco años. Finalmente me trasladé a Bélgica en 2016, donde obtuve un estatuto de residencia permanente y comencé a buscar trabajo.

Sinceramente, buscaba cualquier tipo de empleo en el que la lengua principal de trabajo fuera el inglés. Empecé un curso de francés para principiantes organizado por el Centre Public d’Action Sociale (CPAS), y, entre las actividades del curso, había una visita de grupo al Parlamentarium. Oí que a los visitantes extranjeros les hablaban en inglés, así que pensé que tal vez yo podría trabajar allí. Se lo comenté a mi profesora Élodie, quien preguntó en la recepción y me ayudó a conseguir una dirección de correo electrónico de la agencia de contratación del personal de planta.

No tardé en solicitar un puesto de trabajo: envié la candidatura, el currículum y quince cartas de recomendación del Ejército de los Estados Unidos. Me hicieron varias entrevistas, y ahora trabajo como miembro del personal de la Casa de la Historia Europea.

Recomiendo encarecidamente la visita al museo, sobre todo a los no europeos, ya que podrán descubrir muchas cosas que nunca han aprendido en la escuela. Por ejemplo, las imágenes de la sección «Europa en ruinas», en el tercer piso, me parecen impresionantes. Por una parte, se muestra la muerte, la destrucción y la hambruna entre la población; por otra, a dictadores, como Stalin y Hitler, que parecen actuar con total impunidad.

Estoy muy contento de haber empezado lo que espero que sea una larga carrera profesional en el sector de la museología en Bruselas. Ahora lo único que deseo es que mi familia pueda venir pronto: tengo dos hijas, Retaj y Layla, a las que no he visto desde noviembre de 2016.