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RECONSTRUCCIÓN DE UN CONTINENTE DIVIDIDO

Años inmediatamente posteriores a 1945: Europa está en ruinas, desposeída de todo poder y dividida entre dos potencias mundiales enfrentadas, los Estados Unidos de América y la Unión Soviética.

Unidos por el temor al comunismo, varios países de Europa Occidental emprendieron una senda de cooperación a nivel supranacional para mantener a raya al nacionalismo y desactivar el peligro de guerra.

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RECONSTRUCCIÓN DE UN CONTINENTE DIVIDIDO

1945: Europa estaba en ruinas y su población carecía de alimentos, combustibles y vivienda. Se necesitaban de forma acuciante estrategias de supervivencia y se mantenía el racionamiento implantado en la guerra para que al menos las necesidades básicas estuvieran cubiertas. Había millones de refugiados, exiliados y desplazados en busca todos ellos de cobijo. Europa dependía en gran medida de la ayuda del resto del mundo.

GUERRA FRÍA

Con el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Japón en 1945, los Estados Unidos se convirtieron en la nueva potencia mundial.

En 1949 la Unión Soviética alcanzaría la misma posición al fabricar su propia bomba atómica.

CREACIÓN DE LA SEGURIDAD SOCIAL

Los años cincuenta y sesenta supusieron, para la mayor parte de los europeos, una notable mejora de las condiciones de vida. El crecimiento económico y la implantación del Estado del bienestar trajeron consigo mejores viviendas, educación, atención sanitaria y servicios sociales.

En Europa Occidental, la planificación estatal corrió en paralelo a la reconstrucción del sector privado. Dentro de la órbita comunista, las economías planificadas de gestión estatal controlaban todos los recursos nacionales, interviniendo a discreción y marcando con ello la vida cotidiana de los ciudadanos. Las diferencias entre las economías de mercado y las economías planificadas eran inconfundibles.

HITOS DE LA INTEGRACIÓN EUROPEA I

El control de Europa Oriental por parte de la Unión Soviética y la confrontación de esta con los Estados Unidos de América tras la Segunda Guerra Mundial trajeron al mundo dos nuevos conceptos: Telón de Acero y Guerra Fría. Con el apoyo de los Estados Unidos, mejoraron las condiciones para una cooperación más estrecha en Europa Occidental.

MEMORIA DE LA SHOÁ

Silencio, falta de reconocimiento, represión: esa es la forma en que el Holocausto (o Shoá, como se lo conoce en hebreo) fue tratado en la posguerra.

Las naciones, en su ansia por rescatar su autoestima, aparcaron sus sentimientos de culpa y complicidad y se recrearon en sus propios recuerdos de sufrimiento y privaciones.  Las nuevas realidades de la Guerra Fría hicieron más fácil desentenderse de los fracasos del pasado.

Hoy, sin embargo, el reconocimiento de este crimen inaudito contra la humanidad se sitúa en el centro de todo discurso sobre la existencia de una memoria europea.